GRANDES GUITARRISTAS FLAMENCOS
 
Segunda Entrega
AGUSTÍN CASTELLÓN "Sabicas"
ROMERIA FLAMENCA

Agustín Castellón "Sabicas" nació en en Pamplona, Navarra, en el seno de una familia gitana.

Cuando tenía cuatro años, dando un paseo con sus padres, vió en el escaparate de una tienda una guitarra pequeña y no paró de insistir hasta que se la compraron. En muy poco tiempo, ya era capaz de afinarla y de tocar cualquier melodía de oído.

 

 

A los once años debutó en público en Pamplona y a los veinte ya era uno de los guitarristas flamencos más reputados de España.

Sabicas marcó, como lo hizo antes el Niño Ricardo y lo haría más tarde Paco de Lucía, un punto de inflexión en la guitarra flamenca. Incorporó técnicas y estilos totalmente novedosos que sorprendieron a propios y extraños además de mostrar un virtuosismo técnico realmente impresionante. La calidad de sus temas no se queda atrás, sus discos son una obligación para cualquier amante de la guitarra flamenca, no solo por sus estupendos toques flamencos sino también por las excelentes versiones que hizó de temas de compositores como Vittorio Monti, Ernesto Lecuona, Rimsky-Korsakov... incluso el celebre compositor Moreno Torroba escribió un conciero para guitarra y orquesta con sus toques.

Sabicas cosechó igual exito en Estados Unidos, donde llegó a tocar para el presidente Roosvelt en la Casa Blanca. En Nueva York, donde residió muchos años, conoció a un joven Paco de Lucía, quien siempre le ha reconocido como una gran influencia y formó magníficos duos con Carmen Amaya, Morente o Mario Escudero, dejandonos un buen puñado de estupendas grabaciones.
SABICAS, breves reflexiones sobre la genialidad
Como tal, Paco de Lucía comenzó a actuar a los doce años junto a su hermano Pepe (entonces Pepe de Algeciras) como el dúo Los Chiquitos de Algeciras, que cosechó el aplauso de muchos tablaos de Cádiz. Con catorce años obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, y aunque parezca sorprendente, fue entonces cuando inició su carrera internacional, ya que José Greco lo contrató como tercer guitarrista de su Compañía de Ballet Clásico Español y en seguida emprendió su primer viaje a Estados Unidos.

Año 1912. La segunda revolución industrial daba sus coletazos finales en pos de un movimiento obrero de carácter social que surgió con el objetivo explícito de enfrentarse al capitalismo decimonónico que tantas miserias provocó entre las clases más humildes. La utopía marxista, los preceptos de Bakunin y Kropotkin y la socialdemocracia rusa, que posteriormente se escindió en mencheviques y bolcheviques, no tenían todavía repercusión en una España que miraba a la revolución "desde el poder", según las ideas conservadoras de Antonio Maura, que había sustituido a Sagasta y, por ende, al bipartidismo.

 
 
Puede que esta situación social, política y económica dirigiera aquel llanto que se oyó por primera vez en el número 4 de la calle Mañueta de Pamplona hacia las posturas que años más tarde le llevarían al exilio. Agustín Castellón Campos, Sabicas, vio la luz entre Sanfermines y gitanos, en la ciudad que Hemingway no tardaría en hacer popular con su pluma periodística.
 
Casi nada se sabe de los primeros años de vida de don Agustín. Pero hay un dato esclarecedor: bien fuera en Jarauta, Arrochatea o Villaba, lugares donde vivió de pequeño, la guitarra le acechó cuando aún apenas tenía fuerzas para levantarla. Su primera sonanta se la compraron sus padres por 17 pesetas y tan sólo dos años después se estrenó en un escenario. Fue en el teatro Gayarre, donde tocó con motivo de una jura de bandera. A partir de aquí, Sabicas, que ya se había ganado el apodo por su temprana afición a comer habas crudas -el Niño de las Habicas-, no pudo apartarse nunca más de las seis cuerdas.
 
Sin embargo, uno de los puntos clave de su rápida formación coincidió con el traslado a Madrid cuando tan sólo contaba con 10 años de edad. Manuel Bonet no tardó en descubrirlo y lo hizo debutar en el teatro Eldorado con la compañía de la Chelito. No se puede olvidar el parentesco que Sabicas tuvo con el maestro Ramón Montoya, pariente de su madre, si se quiere entender la inclinación que don Agustín mostró hacia la guitarra flamenca de concierto. En sus primeros años como profesional fue un seguidor acérrimo de Montoya. Pero los años 30 provocaron en él un cambio radical. El trabajo como acompañante de los cantaores más relevantes del momento -Juan Valderrama, el Carbonerillo, Antonio el de la Calzá...-, realizando grabaciones en las que aparece como Niño Sabicas, le ayudará a concebir un toque mucho más personal, con una técnica de mano derecha inconfundible e irrepetible.
 
 
Fuente: Mundo Flamenco
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

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